Padre

Hice mi maleta, tomé mis cosas y entre ellas iba el chequé que se había girado a mi nombre. Una maleta llena de joyas y algunas plumas con decorativos de oro. Me sorprendió que no me dijera que no. Por un momento pensé que se negaría a darme la parte que me correspondía de su herencia. Al fin y al cabo, soy su hijo. Siempre se ha sentido un padre orgulloso.

Pasaron varios días y mis cosas se han ido terminando, tuve varios fiestas esta semana, conocí a muchas personas importantes y que prometen grandes planes para que tengamos vidas increíbles. Pero al final tomamos tanto que no llegamos a nada. Terminé bailando solo entre botellas de alcohol y cuerpos de mujeres semidesnudas. Ni siquiera puedo recordar sus nombres.

Regresé a algunos bares que visité varias veces estas últimas semanas. Invité rondas de alcohol y mujeres a muchos que decían ser mis amigos. Ahora parecen lugares extraños, nadie me habla y nadie parece haberme visto antes. Mi dinero se terminó así que intercambié un par de joyas para tener dinero por algunos días más.

¿Qué? ¿Noticias de ese hombre? No, no sé nada de él. Él seguro está muy ocupado resolviendo sus negocios. Además yo estoy bien. No lo necesito. Aun me quedan las plumas con oro. Seguro pronto encontraré como seguir sin que nadie me ayude.

Bueno, el dinero, las joyas y las plumas de oro ya no están. Esta tarde debía pagar el alquiler pero no tengo para más. Cuando toquen a la puerta no abriré.  El día que llegué a vivir a este lugar el propietario fue muy amable, le invité una copa del vino más caro que ha probado en toda su vida. Seguro piensa que estoy ocupado y por eso no he salido y no me presiona con el pago.

¿Volver a casa? ¡Claro que no! Ya no hay parte ahí para mi. Además con que cara lo veré después de todo este tiempo. Seguro hasta pudo enterarse cómo me he comportado, como gasté todo lo que me dió y debe sentirse avergonzado. ¡No puedo volver con mi Padre! Será mejor que busque qué hacer con mi vida.

Tengo hambre, nadie quiere darme trabajo, ahora me tratan peor que a un animal. Ayer que pasé por un establo vi como alimentaban a unos cerdos. Esta noche iré y comeré un poco de eso que si no tiene buen aspecto de cualquier manera hará que me duela menos el estómago.

Me descubrieron comiendo con los cerdos y me aventaron un zapato. Me golpeó en la cabeza pero pude escapar con un trozo de manzana. Los cerdos de mi padre estaban mejor alimentados. Probablemente está enojado conmigo y cuando me vea me de la espalda, quizá ni siquiera me deje acercarme a decirle algo pero si logro hacer que me escuche y me de trabajo. Reconozco que siempre ha sido bueno con sus siervos. No s falta nada y yo aquí sigo mendigando por un poco de algarrobos que ni puedo obtener.

Allá está, aun no me ha visto. Debo pensar con cuidado mis palabras. Debo ser rápido al hablar para que me de tiempo de decirle que por lo menos me permita servirlo. Le diré: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.”

Los guardias me han dejado pasar como si nunca me hubiera ido. Él no dió la orden de prohibirme el acceso. Estoy a una distancia fácil de ver. Ha volteado. Me ha visto. Viene para acá. Seguro me regañará. Dirá lo avergonzado que se siente de mí y quizá ni me deje hablar. Quiero llorar ¿por qué está corriendo hacia mí? Esto será rápido ¿Debo irme antes de que llegue? Ya está muy cerca….

-Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.

¿Padre? ¿Me has escuchado? ¿Por qué me abrazas así? Yo he venido a que me conviertas en tu sirviente.

Antes de que terminara de hablar, mi padre llamó a los sirvientes y les dijo: “¡Pronto! Traigan la mejor ropa y vístanlo. Pónganle un anillo, y también sandalias.  ¡Maten el ternero más gordo y hagamos una gran fiesta, porque mi hijo ha regresado! Es como si hubiera muerto, y ha vuelto a vivir. Se había perdido y lo hemos encontrado.”

Y comenzó la fiesta.

Estuve lejos, me he comportado de una forma vergonzosa, me acabé lo que mi padre me dió. Y Él, lleno de amor, me recibió con abrazos y besos. Yo no me sentía digno de ser su hijo, sin embargo Él seguía siendo mi padre.