Te enseñaré el camino

Es muy cierto que cada decisión que tomamos cambia el rumbo por el que vamos. Se dice que tomamos aproximadamente 300 decisiones ¡por hora! Que difícil sería andar toda una vida tomando decisiones sin una dirección sabia, sin esa luz que aquellos que hemos conocido la esperanza, sabemos que nos toma en nuestros peores días y nos dice: “Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos.”

El Rey David recordaba en su tiempo con Dios una promesa que había recibido de parte del Señor.  Una promesa que le aseguraba una toma de decisión más acertada.

Antes de seguir tomemos en cuenta que David, había sido elegido por Dios mucho antes de dirigiera una nación. El Señor había encontrado en el corazón de  David un hombre conforme a Él. Eso no significaba que estuviera libre de pecado o que su vida fuera perfecta y sin batallas.

David, al igual que tú y yo, vivía una vida de luchas, de decisiones y de obstáculos que debía enfrentar. Y a veces, las horas no dan tregua. A veces las decisiones nos sobrepasan y detener una puede causar una fila de espera interminable.

Visualiza aquel momento cuando una mañana al despertar, por órdenes de su padre, toma comida para ir a averiguar que sus hermanos estuvieran en el campamento, quería saber que seguían con vida.  Dios siempre nos pone en el lugar y la hora indicada. A los pocos minutos de haber llegado escucha que un gigante de los enemigos está desafiando al ejército que protegía su nación. No sólo desafiaba, también amenazaba con la esclavitud. Lo más impactante pudo ser como entre tantos guerreros, entre tantos hombres con experiencia en batallas, ninguno se atrevió a enfrentar a aquel enemigo.

¡Una acción lo  cambia todo!

Habiendo visto que sus hermanos estaban bien, escuchando la amenaza contra su pueblo, y conociendo quién podía respaldarlo, David toma una decisión que da un rumbo totalmente distinto a toda la historia.

Una de las frases antes de enfrentar el resultado de su decisión por enfrentar al gigante es ¡Y todo el mundo sabrá lo grande que es el Dios de Israel!

¿Puedes verlo? David tenía claro quien había dirigido sus pasos hasta aquel lugar. No, no era un camino de casa de su padre al campo de batalla. David había sido entrenado para ese momento, él sabía que los osos, leones o bestias que había enfrentado siendo solo un cuidador de ovejas, había sido su campo de entrenamiento no solo par enfrentar a una enemigo mayor, también y aún más importante mostrar lo grande que es su Dios.

No era perfecto, no era un hombre de guerra, podría ser que ni siquiera su aspecto físico fuera el adecuado para enfrentar a un enemigo más alto que él. Pero su valentía no dependía de él, él sabía que el resultado de sus acciones estaba asado en la dirección de sus caminos y confiaba esos caminos a su Dios.

Pasan varios años, muchos, David ya no es un muchacho, se ha convertido en uno hombre, se ha convertido en un rey. Pero su corazón no ha cambiado. No ha dejado de tomar decisiones, no se ha detenido en ningún momento. Ahora una decisión de él podría dirigir el destino de una nación. Entonces encontramos una oración. En ella podemos ver un pedacito del corazón que fue llamado “conforme al corazón de Dios”. dice:

Por eso, en momentos de angustia los fieles te invocarán, y aunque las aguas caudalosas se desborden, no llegarán hasta ellos. 7  Tú eres mi refugio: me proteges del peligro, me rodeas de gritos de liberación. 8 El Señor dice: «Mis ojos están puestos en ti. Yo te daré instrucciones, te daré consejos, te enseñaré el camino que debes seguir.

Salmos 32:6-8

Te invitamos a tomar un tiempo de reflexión. Tomar en cuenta que no eres perfecto, que tus decisiones te han llevado a muchos lugares, algunos han parecido buenos, otros no tanto. Y el tiempo que queda por delante enfrentarás muchas más oportunidades para cambiar de ruta. El resultado de tus acciones dependerá de tu principal decisión. Podrás levantarte una mañana, obedecer a tu padre, ir al campo de batalla. Descubrir que una nación entera teme por su libertad y enfrentar a tu enemigo para mostrar al mundo lo grande que es tu Dios. Entonces reconocerás tu posición, tu debilidad, pero sobre todo su fuerza en ti y ganarás porque tus pasos fueron dirigidos por aquel que prometió fijar sus ojos en ti.

“Te enseñaré el camino”