El poder de la resurrección

Jesús murió.

Trato de imaginarme la escena, trato de remontar mi imaginación a esa época, a ese lugar.

Por un momento un lugar de muerte y desolación que terminaría convirtiéndose en un lugar de esperanza, en un lugar donde la resurrección sería el poder más grande para de la  vida.

¿Segundo round? Pero ¿Cuándo fue el primero? Dios había creado al hombre un par de siglos antes, pero este, no había conectado la verdadera esencia por la que fue creado, al corazón de Dios. Como resultado, terminó alejándose de aquel que lo amó.

Esta, no sería sencilla, porque vendría a limpiar el caos, vendría a dar esperanza donde todo parecía necesitar de complicados compromisos y reglamentos estrictos.

Así fue que algo insólito, inesperado y sorpresivo, se convirtió en el acto más poderoso de esperanza, un acto que revolucionó la vida del hombre. Estaba vivo, el hombre que había muerto, que por 3 día había estado en una tumba, ¡RESUCITO!

Esto no era un acto de heroísmo era un acto de amor, un acto de libertad, un acto de poder, donde la resurrección sería expandida a todos aquellos que creyeran en él. Entonces cuándo Jesús murió, el mundo entero encontró la esperanza para vivir.

Un sacrificio cubrió el de toda una creación, un acto de amor, cubrió todo los actos de desamor, una muerte dió esperanza de vida, una resurrección, salvó al mundo.

Esta vez no había opción a errores, Jesús lo hizo sin fallas. Conocido como el segundo Adán. El primero nos dejó con la culpa apagar, el primero vino a liquidar nuestra deuda.

No hay amor, más grande, no hay sacrificio más valioso ni amor más grande que aquel que dió su vida para que todo aquel que en él cree no se pierda más tenga vida eterna.

Es tiempo de hacer un pausa y agradecer que hoy podemos tener una reconciliación con nuestro padre, por el compromiso y amor que Jesús tuvo para con nosotros. Qué mejor forma de cerrar la batalla y reconstruir la historia de la humanidad.