Estrategia exitosa

Es común que nos pongamos metas, que tengamos objetivos de crecimiento. ¿Quién no quiere el éxito? Así que salimos, buscamos, movemos las piezas que entendemos y a veces intentamos jugadas que sospechamos podrían ser buenas.

Otras ocaciones tiramos al azar esperando un resultado si no beneficioso, por lo menos que no nos haga retroceder. Nos esforzamos y a veces nos exigimos demasiado para alcanzar nuestras metas. a veces tanto que podemos estresarnos o saturarnos de trabajo pero

¿Y si hubiera una manera más sencilla? ¿Y si hubiera un poquito de ayuda que nos diera estrategias más certeras?

En realidad si la hay, es confiar en Dios pero confiar en Dios requiere dar pasos que nos acerquen a él, que cada día podamos conocerlo más. Cuando lo conocemos, conocemos su bondad y aprendemos que él tiene control de todo y su voluntad prevalece sobre nuestras vidas y esta es buena, agradable y perfecta.

Estar cerca de él nos permite conocer que si estamos aquí es con un propósito planificado antes de nuestra existencia. Entonces esa cercanía, se convierte en confianza, esa cercanía se convierte en conocimiento de su palabra y de su palabra, su propósito y de su propósito, su voluntad y de su voluntad su cuidado, su bondad y sobre todo, SU AMOR.

Es entonces donde descubrimos que por más que hagamos, que por más fichas que movamos, si vivimos una vida cerca de él cada pieza movida será respaldada por él y aún cuando pareciera que hemos errado, él nos mostrará nuevamente el camino para culminar con un jaque mate que elimine a nuestro enemigo, el fracaso.